Esa misma tarde le escribió una carta a su querido Bobby Fischer. Por supuesto, no conocía personalmente al enloquecido campeón de ajedrez que se escondía en su exilio islandés, y del que nadie sabía apenas nada desde hacía décadas, más allá de su absurdo conflicto con el Departamento de Estado norteamericano y su evidente deseo de desaparecer del mundo y seguramente del espectro de sí mismo.
"Querido señor Fischer:
Enfrentado como estoy a un problema irresoluble, a varios problemas irresolubles, habría que decir, de los cuales y no el menor, es esta insensata preocupación por corregir traducciones ajenas, y aquí, si no se ha enfrentado a esta tarea y si no ha leído a Blake, debería añadir que no es en absoluto una tarea menor, y confiando en su destreza para imaginar soluciones dentro de conflictos marcados visceralmente por la naturaleza de las piezas en juego y la imposibilidad de alterar dicha naturaleza, que es la causa misma de las posiciones que dichas piezas ocupan dentro del conflicto, y en fin profundamente desolado por su situación y por la mía, me permito escribirle estas líneas, que seguramente no le harán a usted ningún bien, ni a mí tampoco.
Ni que decir tiene que esta carta no espera respuesta y tal vez ni siquiera espera, ni precisa, ser leída, ni es tampoco un mensaje en la botella, ni un grito de auxilio, ni el resultado de mi frustración. Puede que sea, es más, es con toda certeza, una acción, y podría decirse que una acción positiva, tanto en cuanto no requiere de usted más que su presencia imaginaria y de mí, un marco adecuado para la reflexión. Dicho lo cual, y por si acaso, le deseo lo mejor en esas tierras islandesas, extrañas pero seguramente hermosas.
De los juegos que sobreviven dentro de los límites de madera sabe usted más que yo, evidentemente, de los juegos que desbordan dichos límites, me atrevo a imaginar que desconocemos ambos casi todo, y sin embargo no deberían ser tan distintos. ¿O sí? Al fin y al cabo, fuera de ese marco no hay más que piezas que responden a su propia naturaleza en la dirección de todos y cada uno de sus movimientos y que no pueden soñar más que con posiciones previamente marcadas. Siendo más claro, verá usted, señor Fischer, mi vida se ha puesto muy cuesta arriba, y sé que no es culpa suya, de la vida, ni suya de usted, ni siquiera mía, porque se mueve cada uno en la dirección natural de las posiciones marcadas, y en la íntima exigencia de su propia naturaleza. Y de nada sirve gritarle a la torre, ¡no me vengas tan de cara!, o acusar al alfil de ladino, ni reírse de la ridícula arrogancia del caballo, que va como de lado sin ir de lado del todo, como ve usted mis conocimientos del juego que usted practica son casi nulos, de nada sirve, permítame continuar que ya acabo, imaginar un juego distinto ni la claudicación de una sola de las inercias naturales del conflicto, tampoco estoy dispuesto a regalarle ni a usted ni a nadie ninguna de las piezas que me quedan por más que no tenga la menor idea de qué demonios hacer con ellas. Y entenderá usted, supongo, siendo un campeón de ajedrez, el campeón de ajedrez más grande del mundo, por lo que yo soy capaz de descifrar del alcance de sus habilidades, que mi rey es tan bueno como el suyo, y entenderá también que no le ceda ni a usted ni a nadie ni uno solo de mis peones. Así que no queda más que vislumbrar no ya una solución, sino un modelo de resistencia que sea factible, y que como tal no ingnore ninguna de las posiciones. He aquí que me enfrento a lo que he dado en llamar el problema legendario de mi propia existencia, que depende tanto de la teoría hegeliana, somos historia más memoria, como de las ensoñaciones whitmanianas, somos libertad y espíritu, porque, sea como sea, las posiciones de la memoria, y las del espíritu, son las posiciones posibles, y cabría decir prefijadas, y no existe más que el límite del juego y el juego mismo. Y la fe, querido Bobby, y permítame la arrogancia de llamarle así, señor Fischer, mueve montañas, pero son las montañas que están y se mueven entre los límites de la posibilidad, incluidas claro las posibilidades de la fe, y nunca fuera de ellos.
Y en un par de meses, y con esto le dejo, se termina el verano, y vuelven mis hijas, y vence la hipoteca, y para qué le voy a contar más. Si acaso añadir que quería mucho a una mujer que ya no me quiere, y que era bastante guapa, y la verdad, Bobby, sepa uno o no de ajedrez, eso duele. Y además me temo que la quiero aún con toda el alma y no sé, honestamente, si podré amar de nuevo. Aunque a menudo me invento un amor colosal que no es sino la mudanza de los muebles del amor ya perdido.
Cada uno será grande en relación con aquello con lo que batalló, decía Kierkegaard, vea usted que admiro, por tanto, mucho más su grandeza que la mía, pero no me niegue usted mi parcela de grandeza, que sigo hablando de amor cuando ya nadie me escucha."
Guardó la carta en un sobre y la dejó junto a la puerta como si de veras tuviera intención de mandarla. Se alejó dos pasos y regresó a por ella, sacó la carta del sobre, se sentó y siguió escribiendo.
"Y ahora bien, ¿de qué se me acusa, al fin y al cabo? ¿Acaso no amé con la naturaleza que me fue dada, y puede que incluso por encima de mis posibilidades, tensando cada vez el arco de mis propios intereses? ¿Acaso no desprecié siempre la tierra conquistada para adentrarme una y otra vez en el bosque de mi derrota? Donde sabía, porque lo sabía, porque hasta me lo había avisado mi madre, que me iban a dar, pero bien. Que así lo decía ella, ni más ni menos, mi madre, que es muy salada. Me decía, tú sigue así, hijo, que te van a dar, pero bien. Y vaya si me han dado, señor Fischer, y perdóneme el haberle llamado Bobby hace un segundo, que tiene usted toda la razón al pensar que tales confianzas no vienen al caso. Pero permítame que le exija, tal vez exigir no es la palabra más adecuada, pero se lo exijo igualmente, que no me interrumpa justo ahora, que ya termino. De qué me arrepiento, señor Fischer, y qué se me exige, y por qué este sufrir, así, tanto y para nada. Y qué derecho tiene usted a juzgarme, usted precisamente que ha sido tan injustamente juzgado."
Después arrugó la carta en un último arrebato de ira y la guardó en el bolsillo.
Buscó en los cajones desordenados, llenos de facturas y clavos y pilas gastadas, hasta que dio con los post-it. Despegó uno y escribió:
"Señor Fischer, ocúpese usted de su vida que yo me ocupo de la mía. Por lo demás, le deseo lo mejor."
Esa misma noche quedó a cenar con unos amigos. Se había condenado a esta vida de castigo en la que apenas si veía a nadie, avergonzado como estaba de su condición, por más que no supiera cuál era su condición exactamente.
Al calor del vino y una buena cena y la conversación ligera y achispada de sus viejos camaradas, la vida le pareció de pronto insoportable.
El aire le fataba, la comida le produjo náuseas, y no fue hasta que improvisó suficientes excusas y se vio por fin en la calle, y pronunció el nombre de su amada ya perdida, que comenzó a sentirse de nuevo en tierra firme.
[....]
Algún día no le quedaría más remedio que ser un animal muy distinto.
Cuando quiso darse cuenta era el último invitado.
Es bien sabido que el último en abandonar la fiesta es siempre el intruso.
Ray Loriga, "Ya sólo habla de amor", Ed. Alfaguara.
jueves 2 de julio de 2009
miércoles 1 de julio de 2009
VIRALLONGA
Mira padre, no te enfades,
sé que tienes un montón de trabajo,
que ahora estás muy solo y triste,
que el teléfono no para de sonar
y que por cualquier cosa lloras
y nos gritas y dices que salgamos
para no molestarte.
Llevas más de un año así,
pero como nos bañamos y vestimos,
te acompañamos al mercado,
te abrazamos e intentamos ser alegres
y que tengas siempre limpio el cenicero,
estás seguro de que todo marcha bien
y de que ella sólo a ti te hacía falta.
Mira, no te enfades,
pero necesito saber que aún nos quieres,
que no es cierto lo que dicen de nosotros
y mi hermano un cuaderno de espiral para el colegio.
No te enfades si te digo todo esto,
pero ni te has fijado en que ya sé escribir
ni en que hace cinco dientes que no pasa el ratón Pérez
sé que tienes un montón de trabajo,
que ahora estás muy solo y triste,
que el teléfono no para de sonar
y que por cualquier cosa lloras
y nos gritas y dices que salgamos
para no molestarte.
Llevas más de un año así,
pero como nos bañamos y vestimos,
te acompañamos al mercado,
te abrazamos e intentamos ser alegres
y que tengas siempre limpio el cenicero,
estás seguro de que todo marcha bien
y de que ella sólo a ti te hacía falta.
Mira, no te enfades,
pero necesito saber que aún nos quieres,
que no es cierto lo que dicen de nosotros
y mi hermano un cuaderno de espiral para el colegio.
No te enfades si te digo todo esto,
pero ni te has fijado en que ya sé escribir
ni en que hace cinco dientes que no pasa el ratón Pérez
viernes 22 de mayo de 2009
COSAS QUE HACEN...

Y es que hay cosas que hacen bum. Situaciones que explotan y nadie sabe de dónde viene tanta mierda, tanta metralla, tanta risa enlatada. Me pongo a pensar en el por qué y le empiezo a dar vueltas, a hacerle remiendos, a morderme el labio inferior por la esquinita... Lo que pasó, pasó. Y lo que tenga que pasar, pasará. Si este fuera un blog hippie te desearía lo mejor y fumaría contigo la pipa de la paz. Si este fuera un blog de niñatas te llamaría y te diría que te he echado de menos, que pasamos mucho juntas, que la amistad no se pierde por nada. Pero este es mi blog, un poco punki a días, y... ya se sabe. Ya no fumo, tampoco tengo un gran concepto de tu amistad, no tengo más recuerdos que los que me interesan y evito la cursilería a toda costa así que te metería cada una de mis botas por el gaznate y te escupiría al mismo tiempo todos los desplantes que aún conservo, después te daría un par de collejones. De regalo, por los malos tiempos.
http://www.goear.com/listen/2f1b4ea/The-Creator-Has-A-Master-Plan-The-Souljazz-Orchestra
martes 31 de marzo de 2009
1999 - 2009 voy a romper las ventanas

1999
Hasta aquí llegó el ritual
de enfados y canibalismo estúpido.
Son demasiadas horas en vela
y nada que decir.
Descansamos nuestra espalda
en las persianas bien cerradas
tú y yo anémicos
y a cada parpadeo calmado
intentamos dormir.
Terapias mal llevadas sin nadie
que mediara por dos histéricos.
Mis gritos envasados al vacío
reventaron al fin.
Y ahora congelo cada instante
sabiendo de antemano
que son los últimos
la noche que el 99
llegó hasta abril.
Ya no hay ganas
de seguir el show
ni de continuar fingiendo,
sólo quiero ser espectador,
relax, enterteinment.
Me pregunto
quién pensó el guión,
debe estar bastante enfermo.
Fue el estreno
de un gran director,
le caerán mil premios...
... Y al subir al taxi
mis palabras
son vapor de cristal.
Y me dejo el alma
cuando escribo en la ventana
"que sea cierto el jamás"
¡Oh, cállate!
Y ahora relájate,
ella lo lleva bien,
está aliviada, ¿ves?
Todo ha acabado bien.
Te dice "fíjate,
mira mis manos, ¿ves?
no pesan nada, ¿ves?
están flotando, ¿ves?"
Putas ganas de seguir el show
ni de continuar mintiendo,
y en un travelling algo veloz
sale un "fin" en negro.
ME pregúnto
quién pensó el guión,
debe estar bastante enfermo,
fue el estreno
de un buen director,
le caerán mil premios.
Y a medias del viaje,
callo a gritos
que no quieras bajar.
Y pierdo la conciencia
cuando escuho como dices
"que sea cierto el jamás".
¡Oh, muérete!
2009. VOY A ROMPER LAS VENTANAS.
Cuatro mil días después de aquel año obcecado
detecto que al fin te dignaste
a cumplir con la cita inaudible
y me alegro, y me enfado a la vez.
Después de estudiar con cuidado este caso
ejerciendo a la vez de fiscal y abogado,
de juez imparcial,
sentencio lo nuestro
diciendo que el fallo más grande
pasó por guardar
solamente los días má gratos
y olvidar los demás.
Mirarte de frente.
Admito en voz alta
que no pocas veces he sido tentado
en coger mi esperanza
y lanzarla sin más a la fosa común
donde yacen los sueños
que nos diferencian.
Tal vez ¿has pensado en renunciar?
Yo aún no... Hada helada, en vuelo inerte,
tú nunca cambiarás, tú nunca caerás...
Tal vez ¿has pensado en crecer más? ¡Más no!
Tal vez ¿te conseguiste equilibrar?
Yo aún no...
Vamos a correr el gran sprint final
y al cruzar la líneas los dos ganarán.
Voy a romper las ventanas
para que lluevan cristales,
ven a romper las ventanas,
ven a gritar como antes,
ven a romper las ventanas
y hacer del caos un arte,
voy a romper las ventanas
y voy a entrar como el aire...
lunes 30 de marzo de 2009
BATTERIES
Desde que cojo este autobús he tenido dos grandes revelaciones:
Cuando vi a mis 14 churumbeles escuché la llamada de la naturaleza. Babeé 2 horas. Al prinicpio un "Qué monos son", "Son tan inocentes mis niños", luego "Voy a adoptarlos", un poco más tarde "Qué cabroncetes, los críos" y, finalmente un "Los quiero para mí solita...", cabezona que es una.
La tercera hora, y el resto de las que han seguido, las mismas preguntas: "¿Yo también era así?" "¿Me la pelaba todo tanto?" . Malditos h.d.p.!!! Uno le pega al otro, los dos líderes se disputan la atención de los pequeños, aquel se pone a cantar un rap, otro nos deleita con sus ronquidos, un espontáneo sale a la pizarra con una tiza y empieza a dibujar algo que se parece bastante a una revisión ginecológica, el niñato más tonto se lanza al centro de la clase y nos regala unos pasos de ballet, uno de los perla del grupo me sonríe mientras le da capones al de su izquierda que llora y me llama a gritos, a mí, que estoy requisando golosinas y bolas de papel, el hiperactivo borderline abre la puerta del armario de cd´s, mira dentro metiendo la cabeza y vuelve a cerrar repitiendo la operación diez segundos más tarde. Una y otra vez, un bucle hasta el infinito. Ni regalaos, los quiero. Me han quitado las pilas estos delincuentes juveniles Ni madame, ni profe, ni tita, ni ná. Y carné de padre y madre para yaaaaaaaa!!!!
Me siento más sola frente a ellos que en este autobús aséptico. Por lo menos aquí nadie se pega, nadie se menta a la madre, todo el mundo va duchado y con las hormonas ordenaditas y no tengo que hacer de poli bipolar-ahora-bueno-ahora-malo-ahora-mosso-ahora-picoleto-ahora-geo.
La que se quede embarazada que no me llame.
jueves 12 de marzo de 2009
EL OÍDO (cocina)
La prueba irrefutable de que el sonido solo existe si lo quieres oír la calzan mis pinreles.
A pesar de recorrer todas las habitaciones con un taconeo continuo –qué perrería, qué cosas, hoy no me apetece levitar- el Rey pregunta al rato, en voz alta y retórica, si estoy entre estas doce paredes. ¿Han aprendido los zapatos a andar solos?
Aparece por el pasillo con algo en la mano y proclama mirando al suelo.
- Yo no tengo hambre, ¿y tú?
- ¿Me habré desdoblado y mi otro yo está tumbado en el parqué? ¿Me habrá confundido con esa pelusa? Yo, sí.
- Bueno, pues comemos en un rato entonces –y se abre un turrón de chocolate con almendras que engulle en un santiamén.
A pesar de recorrer todas las habitaciones con un taconeo continuo –qué perrería, qué cosas, hoy no me apetece levitar- el Rey pregunta al rato, en voz alta y retórica, si estoy entre estas doce paredes. ¿Han aprendido los zapatos a andar solos?
Aparece por el pasillo con algo en la mano y proclama mirando al suelo.
- Yo no tengo hambre, ¿y tú?
- ¿Me habré desdoblado y mi otro yo está tumbado en el parqué? ¿Me habrá confundido con esa pelusa? Yo, sí.
- Bueno, pues comemos en un rato entonces –y se abre un turrón de chocolate con almendras que engulle en un santiamén.
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